lunes, 30 de abril de 2012

1º de Mayo



Muchos acontecimientos, celebraciones, nacimientos y fallecimientos ocurren, ocurrieron y ocurrirán en un día primero de mayo, tantos que sería imposible enumerar. Sin embargo, hay un evento que superó los siglos y trasformó al día 151 del calendario georgiano en el día del trabajo.
En 1886, en Chicago crecía el descontento popular por las condiciones laborales impuestas a trabajadores y obreros. La razón principal eran las extensas jornadas. Sindicatos y agrupaciones gremiales operaron coordinadamente por una causa común, una simple petición: una jornada laboral de ocho horas. Y fue el primero de mayo de 1886 que la huelga orquestada para conseguir ese simple derecho, terminó en un ataque incendiario contra la policía, del cual 8 anarquistas fueron acusados, procesados y declarados culpables en un juicio tendencioso e injusto.

martes, 21 de febrero de 2012

Relámpago


Apenas recuerdo cuando tenía 17,
cuando el mundo estaba a mis pies
y la vida me sonreía engreída, invitándome a recorrerla.
Ahora tengo 27.
Apenas ha pasado un relámpago entre mis recuerdos y mi hoy,
sin embargo, lo fugaz del instante basta...
basta para abofetearme y patearme,
humillarme y cagarme.
Basta para hartarme de esta vida
que de vida tiene tanto como una década de relámpago.
Hablo de matáforas vacías, vidas huecas, existencias falsas.
Hablo de mi vida. Hablo de mi propia mierda.

Lo único que me consuela
es que sólo me restan un par de relámpagos más.
Luego nada.
Nada...

martes, 24 de enero de 2012

Tic tac


-          ¡¿Dónde estoy?! – pregunto sorprendido al hombre de barba blanca.
-          ¿Dónde crees que estás? – me pregunta él de inmediato.
-          No lo sé. No lo recuerdo.
-          Entonces cuéntame lo que recuerdas.

            En el año mil novecientos diez [1910], Hans Roleix Wilsdorf era reconocido como el mejor relojero en toda Suiza. Los señores principales de los diferentes cantones lo contactaban con frecuencia para solicitar sus servicios. Nobles y aristócratas de todo el mundo lo llamaban para comprar sus obras. Su reputación era tan grande como la belleza y perfección de sus relojes.

martes, 25 de octubre de 2011

¿Ngen Mapu 2?




1.-

            Jimbo pone leña bajo el caldero negro. Las llamas se reflejan danzarinas sobre la pared, donde un pentagrama invertido luce más rojo que nunca. La puerta se abre y Jimbo hace una reverencia para recibir a su ama.
            Catalina de los Ríos y Lísperguer entra como un alma en pena a la habitación redonda. Su piel opaca se escurre por las marcadas arrugas que surcan su rostro. Sus ojos son dos líneas rojas rodeadas de purpúreas ojeras. De la radiante belleza que antes lucía ahora solo queda el andar majestuoso y el cuerpo delgado y largo.
            - Llamad al otro – ordena Catalina sin voltear a ver a su sirviente. Jimbo desaparece entre las sombras. Un gato negro maúlla mientras la puerta se cierra.
            El caldero está en el centro exacto de la habitación y sobre él, un boquete abierto por donde escapa el humo. Catalina observa a través del orificio como la luna llena comienza a entrar en su campo de visión. En el brebaje que hierve dentro del caldero se refleja su imagen, pero en lugar de brillar ambarina, relumbra roja como la sangre. Avanza lentamente sobre el burbujeante líquido, hasta que la circunferencia de la luna se ve por completo.
-          Maestro – dice Catalina, a la vez que se arrodilla. Sobre la luna roja se impone una sombra negra, que luego se reduce hasta transformarse en una delgada línea, similar a la pupila de un reptil – es un honor sentiros.
Muy lejos de ahí, en España, en la cima de la torre más alta del castillo imperial, una oscura figura masculina observa el paisaje que se muestra a sus pies. Sus ojos felinos refulgen rojos dentro de la oscuridad de su capucha.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Mi viejo roble


            El proceso fue lento, casi imperceptible, pero las décadas pasaron implacables y su carne no podía menos que ir cediendo a los embates de las horas, que como insaciables termitas roían impacientes tu astillosa piel. Pero a pesar que el tiempo deja su huella caótica en los etéreos y casi imperceptibles seres que habitamos aquí, tú luces siempre eterna. Parece que el tiempo eres tú, nació contigo y morirán juntos, pues no podría concebir un mundo donde tú no existas.
            Cada vez que tallo un capítulo de mi vida en tu corteza, siempre asoma un nuevo espacio donde seguir escribiendo. Como si absorbieras mi sufrimiento y lo guardaras en tu ser para así evitar que yo siga cargando con mi implacable conciencia. Sé que parece algo burdo y hasta incoherente, pero lo cierto es que todos poseemos la certeza de estar vivos y quien más quien menos, a todos nos pesa la mochila de nuestras vidas. Para algunos es una mochila existencial, para otros, simplemente una maleta llena de recuerdos, pero más allá del tipo de carga que cada uno lleva, solo yo cuento con tus ramas siempre dispuestas a colgar las mochilas y maletas de mi conciencia. Y es que gracias a ti o mejor dicho, por culpa tuya, mi carga es a veces tan ligera que tengo la impresión de no estar vivo y aunque sé que para muchos esto puede ser una bendición, para mí se ha transformado en una pesadilla, porque esta falta de culpa trae consigo una falta de responsabilidad. El concepto es simple, si no tengo que cargar con mis propios pecados, tampoco tengo que responsabilizarme de ellos y eso produce una vida zombi, una existencia repleta de acciones, pero sin reacciones, carente de consecuencias y culpas, y por ende, sin responsabilidad.
            Pensar en eso me hace amarte más que nunca, porque por más que lo medito, creo que no podría concebir una vida sin ramas para mis errores, cortezas para mis amores y raíces regadas por las lágrimas de un simple mortal que te debe la vida. Una vida de zombi, es cierto, pero vida al fin y al cabo.

viernes, 5 de agosto de 2011

La vida no me pesca...



            Si supieran lo que me ocurre, pensarían que estoy loco. Pero no es así, es solo esta puta vida que no se aburre de maltratarme. Porque la vida es injusta, todos lo sabemos, pero conmigo ha sido una perra. Y desde muy pequeño, cuando apenas era un niño, me di cuenta que se ensañaría conmigo.
               Fue un verano cualquiera, como todos los que pasaba en Viña con mi familia. Siempre apretados en el departamento, pero no importaba mucho, ya que estábamos casi todo el día en la playa. Y como era cruzar la calle y tirar la toalla, hasta yo podía ir solo sin que nadie se preocupara demasiado. Digo hasta yo, porque entonces tenía como 8 ó 9 años y comprenderán que a esa edad es raro que un niño vaya solo a la playa.
Como nunca, ese año éramos 12 en el departamento. Para imaginarse lo hacinados que estábamos, bastará decir que había sólo 8 camas, distribuidas en 3 piezas, living y comedor. Recuerdo que hasta la mesa se transformó en camarote, con el papá de la Titi durmiendo encima y Joaquín abajo, en el suelo.
Frente a la escasez de espacio, a los adultos no se les ocurría nada mejor que mandarnos a jugar afuera, para que ellos pudieran descansar. Así, todos los niños, y no éramos pocos, pasábamos en la playa, la avenida Perú o por los estacionamientos del edificio.