martes, 25 de octubre de 2011

¿Ngen Mapu 2?




1.-

            Jimbo pone leña bajo el caldero negro. Las llamas se reflejan danzarinas sobre la pared, donde un pentagrama invertido luce más rojo que nunca. La puerta se abre y Jimbo hace una reverencia para recibir a su ama.
            Catalina de los Ríos y Lísperguer entra como un alma en pena a la habitación redonda. Su piel opaca se escurre por las marcadas arrugas que surcan su rostro. Sus ojos son dos líneas rojas rodeadas de purpúreas ojeras. De la radiante belleza que antes lucía ahora solo queda el andar majestuoso y el cuerpo delgado y largo.
            - Llamad al otro – ordena Catalina sin voltear a ver a su sirviente. Jimbo desaparece entre las sombras. Un gato negro maúlla mientras la puerta se cierra.
            El caldero está en el centro exacto de la habitación y sobre él, un boquete abierto por donde escapa el humo. Catalina observa a través del orificio como la luna llena comienza a entrar en su campo de visión. En el brebaje que hierve dentro del caldero se refleja su imagen, pero en lugar de brillar ambarina, relumbra roja como la sangre. Avanza lentamente sobre el burbujeante líquido, hasta que la circunferencia de la luna se ve por completo.
-          Maestro – dice Catalina, a la vez que se arrodilla. Sobre la luna roja se impone una sombra negra, que luego se reduce hasta transformarse en una delgada línea, similar a la pupila de un reptil – es un honor sentiros.
Muy lejos de ahí, en España, en la cima de la torre más alta del castillo imperial, una oscura figura masculina observa el paisaje que se muestra a sus pies. Sus ojos felinos refulgen rojos dentro de la oscuridad de su capucha.
-          Hija mía. Esperaba con ansias noticias vuestras. Decidme, ¿qué sucedió? Lograste nuestro objetivo – dice el hombre sin abrir los labios.
-          La misión está terminada. La bruja verde está muerta.
-          Excelente – afirma mientras se relame los labios – hicisteis un buen trabajo. Cuando necesite de vuestros servicios os llamaré.
-          Pero maestro… Eso no es todo.
-          Qué más necesitáis decirme.
-          La bruja – Catalina se detiene, como midiendo sus palabras - la bruja alcanzó a nombrar una heredera.
-          ¡Me dijisteis que estaba muerta! – chilla enfurecido. Sus ojos rojos relumbran en la oscuridad, igual que luna en el caldero de Catalina.
-          Lo está.
-          Mujer estúpida. Matasteis su cuerpo, no su alma.
-          Hice cuanto pude. No estaba a mi alcance evitar que ella eligiera una heredera.
-          Por supuesto que no… - afirma el hombre con voz áspera – está bien. Esto es lo que haréis. Buscaréis a la heredera y la mataréis. ¡Ahora! antes que se vuelva poderosa.
-          Ella se oculta entre los salvajes. Además, desconozco su identidad.
-          ¡Pues descubridle! – chilla – respecto al lugar donde se oculta… estáis en guerra. Organizad un regimiento para que la busque y la asesine.
-          Maestro, el gobernador declaró la paz a los araucanos. Fijó una frontera y el ejército la respeta – afirma Catalina.
-          ¿Lo sabe el rey?
-          Así lo creo. El decreto está firmado por él.
-          Esa no es excusa. ¡Y lo sabéis! Ve donde ese tal Alonso y obligadlo a obedecer. Usa tus encantos – comenta el hombre con visible ironía.
-          La lucha fue difícil – Catalina se levanta y observa la luna roja que se refleja en el caldero. El hombre siente la demacrada imagen de la mujer.
-          Entiendo, mi niña. Descansa. Debes recuperar tu belleza. Luego embrujarás al gobernador. La Guerra de Arauco debe continuar. Es la única forma de dar caza a la heredera.
-          Así se hará, maestro – antes que Catalina termine estas palabras, el reflejo de la luna llena sale del caldero. La bruja mira a través del boquete en el techo y observa un cielo diáfano, cubierto por titilantes estrellas. La luna continúa con su imparable rotación alrededor de la Tierra.
Agotada por el esfuerzo, la Quintrala se apoya en la mesa para no caer. Jimbo aparece en la habitación y toma a su ama en brazos. El tamaño del sirviente negro de Catalina es imponente, por eso ni siquiera se agita mientras la carga hasta sus aposentos. Ahí la acuesta y se retira con una reverencia. El gato negro de Catalina sube a la cama y se acomoda a sus pies. Un suave ronroneo llena el ambiente.

2.-

“Al inicio Ngenechén estaba solo, pero se aburría sin nada qué hacer. Por eso creó a Ñuke Mapu y al cielo que la rodea. Luego abrió una ventana redonda para calentarla, y la llamó Antú, después cerró la ventana para cuidar sus noches, y la llamó Kuyén.
            Agotado por el esfuerzo, Ngenechén descansó durante miles de días y miles de noches, y en la jornada doce mil doce se levantó y fue a ver cómo estaba su creación.
Ñuke Mapu luchaba contra la fuerza del agua, que hacía naufragar islas y continentes. El fuego bramaba en sus entrañas y hacía explotar montañas, el viento soplaba inclemente y la tierra se retorcía y temblaba. Para dar orden al caos, Ngenechén creó cinco grandes Ngen. Cada uno dominaría un elemento, y un sentimiento dominaría a cada uno.
            El Ngen azul controlaría el agua y su emoción es la tristeza. El Ngen blanco dominaría el aire y su sentimiento es la alegría. El Ngen rojo gobernaría el fuego y su motivación es la ira. El Ngen amarillo representa la tierra y su sentimiento es el miedo. Por último, creó al Ngen verde, que controlaría la flora y la fauna, y su emoción es la más poderosa de todas, el amor.
Doce mil doce días después, Negnechén despertó y visitó el mundo que había creado. Grande fue su desilusión al ver que la vida animal y vegetal había fructificado, pero a pesar de esto, Ñuke Mapu seguía desequilibrada. Algo faltaba en su creación. Y después de mucho meditar, lo descubrió. Una esfera como Ñuke Mapu necesita 6 pilares para mantener el equilibrio. Entonces creó al Ngen negro, pero al no tener más elementos que asignar, permitió que todos le fueran favorables y le entregó la más caprichosa de las emociones: el odio.
Una vez hubo terminado, designó un pilar para cada continente, y un Ngen para cada pilar. A Europa le correspondió el Ngen Blanco; a Asia, el rojo; a Oceanía, el azul; a América del Norte, el amarillo; y a su hermana del sur, el verde. Por último, delegó África para el Ngen negro. Ahora la esfera estaba completa y sus seis pilares, fuertemente asentados en las raíces de la tierra. Luego asignó su misión a los espíritus: mantener el equilibrio y la vida en Ñuke Mapu.  Entonces, agotado por el esfuerzo, Ngenechén volvió a dormir.
Doce mil doce días después, Ngenechén visitó Ñuke Mapu y descubrió con satisfacción que todo giraba en un saludable equilibrio. El océano se inundó de criaturas marinas, la tierra se cubrió de multicolores plantas y flores, los cielos se llenaron de cantoras de aves y los bosques, de magníficos animales. Y bajo la tierra aparecieron hermosas piedras y brillantes metales. Solo el Ngen negro no creó nada, salvo un creciente odio hacia todo lo vivo y hermoso. Pero Ngenechén es sabio y bondadoso, y percibió el odio que fluía en el alma del pilar africano, por eso le asignó la más importante de todas las misiones, sustentar en sus dominios a su hijo preferido, el hombre.
Sucedió entonces que el Ngen negro olvidó sus envidias y ayudó al hombre a crecer en número y conocimiento. Esto le hacía muy feliz, pues odiaba a sus hermanos y veía con gran satisfacción como ellos cuidaban a Ñuke Mapu, mientras que él custodiaba al hijo predilecto de Ngenechén, lo que lo hacía, desde su punto de vista, el más poderoso e importante de los espíritus.
Cuando todo estuvo hecho, Ngenechén se fue y dejó a los 6 poderosos Ngen a cargo de Ñuke Mapu. Pero esta vez su despedida no fue un hasta luego, sino que fue un adiós. Los espíritus no volvieron a verle y sin embargo, en honor a su creador, cumplieron su misión con devoción y velaron por el equilibrio de Ñuke Mapu.
Y la tierra floreció bajo el gobierno de los Ngen y el mundo tuvo orden y prosperidad. Sin embargo, el ambicioso Ngen negro dio al hombre más de lo que necesitaba y así, la gente creció en número y también en fuerzas. Y el hijo predilecto aumentó tanto su población que debió buscar nuevas tierras que colonizar, y viajó a través de Ñuke Mapu y estableció colonias alrededor de todo el globo.
El Ngen negro estaba orgulloso de su obra, pues fue mucho más allá de la misión que le fue encomendada y en poco tiempo, el hombre habitó en todos los rincones del mundo. Consideró esto como un éxito personal, pues la obra que debía cuidar, ahora dominaba las tierras de sus hermanos, lo que lo confirmaba como el más poderoso de los espíritus.
Grande fue su desilusión cuando el hijo de Ngenechén comenzó a adorar a sus hermanos tanto como a él. Entonces su odio creció aún más y quiso destruir al hombre y todo lo que era hermoso y amable. Por suerte, los demás Ngen defendieron Ñuke Mapu y al hijo predilecto, y tras una larga guerra, los cinco Ngen consiguieron derrotar a su hermano negro y lo encerraron en la base del pilar de África. Y ahí permaneció durante muchos siglos.
Sucedió que al desaparecer el Ngen negro, también se perdió el equilibrio que les legó Ngenechén. Entonces el ser humano olvidó a los espíritus y se consideró el centro de la creación. Al principio los Ngen dejaron que el hijo predilecto gobernara Ñuke Mapu a su antojo, pero con el balance roto, pronto las demás criaturas del mundo sufrieron por las guerras del hombre. Entonces los Ngen comprendieron que el hijo predilecto necesitaba de su consejo y ayuda, sino pronto destruiría a Ñuke Mapu, y junto con ella, a sí mismo. Por eso los espíritus bajaron a la tierra y tomaron forma humana, y se transformaron en 5 grandes brujos, que ayudados por su sabiduría y poder, lograron gobernar de nuevo al hombre. Así se reestableció un precario equilibrio.
Mientras esto ocurría, en el corazón del Ngen negro crecía un odio tan grande y poderoso, que todas las demás emociones parecían pequeñas e insignificantes. Odiaba a Ngenechén por abandonarlo en estos instantes de necesidad. Odiaba al hijo predilecto por botarlo al olvido. Odiaba a Ñuke Mapu, pero sobretodo, odiaba a sus hermanos, la causa de todos sus males. Y su maliciosa alma aborreció tanto la creación de Ngenechén que el sello del pilar fue incapaz de contenerlo… y el Ngen negro escapó.
Al tomar forma humana, los Ngen dejaron parte de sus poderes en el mundo de los espíritus, así que el Ngen negro ahora sí se irguió como el más poderoso de todos. Y así comenzó su venganza.
Cientos de años pasaron en una guerra despiadada, al final de la cual y solo gracias a la formidable ayuda del hombre, los 5 grandes brujos resultaron victoriosos. Muchas vidas humanas fueron sacrificadas y sin embargo, la derrota del Ngen negro no fue total. En una decisión desesperada, bajó a la tierra y tomó el cuerpo de un poderoso brujo negro.
Lo curioso de la vida está en los inesperados sucesos que nuestras decisiones provocan, pues cuando deseamos que ellas nos conduzcan hacia un lugar, nuestras acciones nos llevan a otro. En este caso, la decisión del Ngen negro, contrario a sus deseos, trajo de nuevo el equilibrio a Ñuke Mapu.
Con el equilibrio restaurado y el brujo negro vencido, los demás Ngen lo perdonaron y le dejaron conservar su forma humana, a condición de respetar y mantener el equilibrio natural que tanto esfuerzo y sacrificio costó. Miles de días y miles de noches han pasado desde que entonces…

Mi querida Millaray, jamás quise que las cosas acabaran así, jamás desee legarte esta carga, pero como ya dije, rara vez nuestras decisiones nos conducen al lugar que queremos. Y es por eso mismo que si estás leyendo esta carta, significa que yo he muerto y tú te has convertido en mi sucesora.
Recuerdas cuando te dije que los caminos de mi heredera eran tortuosos y difíciles. Pues aún no imaginas cuánto… te has transformado en mi sucesora aún antes de ser mi aprendiz. Largo es el viaje que tienes frente a ti, pero estoy segura que sabrás encontrar tu destino.”

Millaray está parada a más de setenta metros de altura, sobre una roca que sobresale de un acantilado del volcán Domuyo, al final del cañón donde está su lar. En el rincón de la saliente, crece imponente Huenupán, rama del cielo, el inulpamahuida. A sus pies yace el cadáver de su maestra, Quintuqueo. Y más abajo aún, un manto verde de árboles que se extiende hasta donde la vista alcanza.
La mujer que está de pie representa unos sesenta años, a pesar que aún no pasa los cuarenta. Se comprende su estado por los sucesos de los últimos días. Toda su familia muerta, todos los varones de los lof, rehues y aillarehues cercanos, muertos. A centenares de leguas a la redonda lloran la partida de los valerosos guerreros que fallecieron luchando en la gran batalla de Valdivia. Lograron detener la conquista y fijar la frontera en el Biobío, pero por cuánto tiempo. No mucho, eso es seguro.

“Muchas cosas cambiarán ahora. Lo primero es el hecho que hayas encontrado esta carta. Si la ves y la tocas, significa que has llorado mi partida. Te lo agradezco mi niña hermosa, pero no debes apenarte por mí, ahora descanso en los acogedores brazos de Ngenechén.
Mas deberás prepararte para tu batalla. Si estoy muerta significa que la bruja negra me venció y probablemente, también sometieron a Anganamón. Lo siento mucho mi niña querida, sé lo que él significaba para ti.
Pero la tristeza no puede dejar que olvidemos lo importante. La bruja negra me derrotó, pero no resultó indemne. Ahora debe estar muy débil para venir por ti. Y lo estará por muchos años. Debes usar este tiempo para prepararte. Para estudiar.
Escondidos en la ruca hay manuscritos, miles de ellos, ni siquiera yo los he leído todos. En ellos está escrita la historia de Ñuke Mapu, secretos de los antiguos brujos, palabras de Negenechén y muchos otros conocimientos que tus antepasados han acumulado en el devenir de los siglos. Digo que son tus antepasados porque así es… ahora tú eres la última de un extenso linaje de brujos verdes.
No te preocupes por buscar los manuscritos, ellos te hallarán a ti. Sé que suena extraño, pero así te encontró esta carta.
Un último consejo te daré: recuerda que siempre contarás con la ayuda de Pelantaro y Huenupán. Acude a ellos en los instantes de necesidad.

Me despido mi niña hermosa, mi querida Millaray, mi flor de oro, ahora tú eres la última bruja verde”.

Cuando Millaray termina de leer la carta que le dejó su mentora, lo hace con una extraña mezcla de sentimientos. Tristeza por perder a su maestra, la mujer que la crió de bebé y le enseñó los secretos de las machis, pero a la vez, conformidad, pues ahora ella descansa en los cálidos brazos de Ngenechén. Quintuqueo está muerta y su adorado Anganamón, el único amor de su vida, también. Lo sabe, lo siente en su corazón. Siente tanta pena y tanta angustia, que lanzarse por el acantilado parece una buena opción.







Glosario:



Vocabulario mapudungun
1-       Ngenechén: espíritu creador dentro de los Ngen. Actualmente es reconocido como el “dios mapuche”, pero esto es resultado de la confluencia de la religión cristiana con la mapuche. En el período prehispánico era conocido como el Ngen principal, o espíritu creador.
2-       Ngen: Dueño. Son espíritus mapuches cuya misión es mantener el ciclo de la naturaleza, por ejemplo, el Ngen Mapu (dueño de la tierra) debe hacer que la tierra vuelva a brotar y las plantas a crecer. Lo mismo ocurre con el Ngen del agua, del aire y con los demás elementos de la naturaleza.
3-       Ñuke Mapu: Madre tierra.
4-       Kuyén: Luna.
5-       Antú: Sol
6-       Lof: aldea o clan.
7-       Rehue: varios lof reunidos.
8-       Aillarehue: varios rehues reunidos.

Nombres Mapuches
1-     Quintuqueo: la que busca la sabiduría.
2-     Millaray: flor de oro.
3-     Huenupán: rama del cielo.
4-     Pelantaro: traro brillante o traro de oro.


Mitos y leyendas:
1-     Domuyo: leyenda mapuche. Es el nombre del volcán donde vive la mujer blanca que enamoró al sol y tuvo su hijo. Habita en un lago, en la cima del volcán Domuyo, protegida por un gigantesco caballo negro.
2-     La Quintrala: es el nombre popular dado a Catalina de los Ríos y Lísperguer, probablemente por la costumbre de golpear a sus sirvientes con varas de Quintral. Su fama de bruja se debe a su abierta disputa contra las autoridades de la iglesia católica de la época. Uno de sus actos más conocidos fue su intento de envenenar al gobernador de Chile, Alonso de Ribera.
3-     Inulpamahuida: significa “trepador de la montaña”. Es un mito mapuche que habla de un árbol animado, cuyas raíces trepan por las rocas. Aliado de las machis, la ayuda en su lucha contra los espíritus malignos.