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viernes, 22 de septiembre de 2023

PRESENTACIÓN del UNIVERSO del NGEN MAPU

Cuando escribí la novela Ngen Mapu, siempre pensé en ampliarla, pero el tiempo y las dificultades propias de la literatura, retrasaron dicho proceso. Hasta la llegada de la novela Al sur del BIobío, un spin-off del Ngen Mapu, o como ya mencioné antes, la primera ampliación del unievrso mágico donde se desarrolla esta saga que pretendo llamar: Butalmapu... o algo así.

Por eso estoy tan feliz con esta presentación, porque es la primera vez en que despliego ambas novelas en una presentación que no presenta a un libro, sino a un universo de donde se pueden desprender muchas más historias.

Ahora dejo la cháchara, y los invito a ver la presentación: 



Con esto, me despido, pero no sin antes invitarlos a compartir esta entrada, ver el video y si se tientan, leer alguna de mis novelas. Para eso, sigan este enlace

¡¡Nos leemos!!


lunes, 4 de noviembre de 2019

nueva novela: Al sur del Biobío

Al fin salió mi nueva novela, titulada Al sur del Biobío. Es una historia basada en hechos reales, pero actualizada para un público contemporáneo. Además, adapté algunos detalles para que la historia transcurra dentro de universo del Ngen Mapu (mi primer novela).
*para comprarla, haz clic aquí 

domingo, 20 de marzo de 2016

2 x 1: reseñas Ngen Mapu

Mientras el ejército español lucha por expandirse en el sur de Chile, con la infranqueable frontera del río Biobío marcada a sangre y fuego, los Mapuches necesitan un líder que los una y los guíe a la victoria definitiva. Ahí, entre los frondosos bosques donde habita la “gente de la tierra” surge una historia de amor y magia que propiciará el nacimiento de una leyenda épica: el ngen mapu.
Este párrafo está contenido en la contraportada del libro y describe con bastante claridad lo que narra esta novela, pero es eso suficiente para conocerla o decidir si la quieres leer. Pues sin las reseñas, esto es todo lo que tenemos para decidir si adquirimos el libro o no. Por eso hoy incluimos dos reseñas de esta obra, que consideramos doblemente ñoña, pues responde al género fantástico e histórico. Una mezcla por demás extraña. Pero vamos al grano…

jueves, 26 de febrero de 2015

Presentación del Libro de ORBIS

El viernes 20 de marzo, a las 19:00 hrs, será la presentación de la novela ORBIS: historia de un mundo mágico.


El lugar seleccionado para el evento es la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), una hermosa casona ubicada en Almirante Simpson #7, a solo una cuadra de Plaza Italia, en el centro de Santiago de Chile.

lunes, 5 de enero de 2015

novela ORBIS. Capítulo 1.

El inicio de un nuevo año escolar también es el inicio de días más cortos y noches más largas, por eso Pamela comienza a jugar con Gastón a media tarde, como a las cinco, así tiene tres horas antes de que oscurezca y deba entrar a hacer las tareas.

Ella siempre ha creído que el 3 es la mitad del 8, o visto de otro modo, el 8 es un 3 frente a un espejo. Le gusta meditar sobre las razones que justifican las formas de las letras. Por ejemplo, se pregunta por qué la A parece el dibujo de una montaña nevada o por qué la O es igual al cero y la Q es una O a la que le pusieron un palito para que no ruede. También le intrigan las razones de la b, la d, la p y la q, que son la misma letra, solo que puesta patas arriba o vista a través de un espejo. En realidad, son muchas las preguntas que tiene respecto de las letras y cuestionar sus formas la ayuda a reconocer los caracteres con mayor facilidad. Por ejemplo, ahora imagina que una O incandescente se hunde en el horizonte.

martes, 25 de octubre de 2011

¿Ngen Mapu 2?




1.-

            Jimbo pone leña bajo el caldero negro. Las llamas se reflejan danzarinas sobre la pared, donde un pentagrama invertido luce más rojo que nunca. La puerta se abre y Jimbo hace una reverencia para recibir a su ama.
            Catalina de los Ríos y Lísperguer entra como un alma en pena a la habitación redonda. Su piel opaca se escurre por las marcadas arrugas que surcan su rostro. Sus ojos son dos líneas rojas rodeadas de purpúreas ojeras. De la radiante belleza que antes lucía ahora solo queda el andar majestuoso y el cuerpo delgado y largo.
            - Llamad al otro – ordena Catalina sin voltear a ver a su sirviente. Jimbo desaparece entre las sombras. Un gato negro maúlla mientras la puerta se cierra.
            El caldero está en el centro exacto de la habitación y sobre él, un boquete abierto por donde escapa el humo. Catalina observa a través del orificio como la luna llena comienza a entrar en su campo de visión. En el brebaje que hierve dentro del caldero se refleja su imagen, pero en lugar de brillar ambarina, relumbra roja como la sangre. Avanza lentamente sobre el burbujeante líquido, hasta que la circunferencia de la luna se ve por completo.
-          Maestro – dice Catalina, a la vez que se arrodilla. Sobre la luna roja se impone una sombra negra, que luego se reduce hasta transformarse en una delgada línea, similar a la pupila de un reptil – es un honor sentiros.
Muy lejos de ahí, en España, en la cima de la torre más alta del castillo imperial, una oscura figura masculina observa el paisaje que se muestra a sus pies. Sus ojos felinos refulgen rojos dentro de la oscuridad de su capucha.

jueves, 15 de julio de 2010

El nacimiento

Capítulo 2 de la novela "Ngen Mapu. El dueño de la tierra"


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2.
El imponente percherón negro corre despavorido por la ribera. La luna apenas alumbra el camino que bordea el río calle-calle, pero él conoce bien el trayecto. Muchas veces lo ha recorrido. A pesar de su carácter orgulloso y valiente, galopa aterrorizado, como si quisiera arrancar de la fusta de su jinete. No entiende que sucedió, pero sabe que es malo. Y por eso, ahora corre como rajadiablos.
           Su jinete, una mujer embarazada, aguanta el duro andar de su montura. Con una mano toma las riendas y con la otra sujeta su barriga, que sube y baja al ritmo del galope. Tiene treinta y cuatro semanas de embarazo. En su angustia, recuerda cuando le regalaron el caballo, siendo el percherón apenas un potrillo de meses. En ese entonces se acababa de casar y la joven pareja vivía en un nido de rosas. Si hubiera sabido como acabaría. Pero no se mortifica por ello. Por el contrario, hacía tiempo que deseaba que aquella farsa terminara. Él iba a los burdeles y desaparecía por semanas. Cuando regresaba, desahogaba su impotencia en su cuerpo. Ella lo soportaba todo, porque así la habían criado. Porque era su marido y estaba en su derecho.
El percherón desde potrillo destacó por su gran tamaño. De pelaje negro azabache, una mancha amarilla en el centro del pecho es la única pinta de color que posee. Es un carbón encendido con brasas bajando desde su cuello. Esa llama amarilla combina perfecta con los hermosos ojos color miel de la mujer.
Después de dos horas al galope, la mujer empieza a dormitar. El caballo, sudoroso, disminuye su loco andar. Al cabo de un rato, el percherón camina siguiendo sus instintos mientras su carga duerme. Avanza por la ribera hasta que el negro cielo comienza a teñirse de azul. Al llegar a una zona donde el río es bajo, cruza al otro lado. Luego sigue un angosto sendero por entre la espesa selva sureña. Avanza sin descansar hasta que el sol se asoma por la cordillera.
           Fatigado por el largo viaje, el percherón se detiene a pastar en las faldas del volcán Domuyo. Tal es su tamaño, que no siente la mujer en su espalda. En ese instante, Quintuqueo ve al gigantesco animal. Ha visto caballos antes, pero aún no se acostumbra. Siguen siendo criaturas desconocidas para ella. Pero este caballo negro es impresionante. Es casi del doble del tamaño de los que ha visto antes. Su sudorosa piel refleja la luz como un espejo negro. El vapor que exuda en la fría mañana primaveral lo hace ver más majestuoso. El percherón nota la presencia de la extraña y reacciona nervioso. Quintuqueo sale de los árboles que la ocultan y trata de acercarse. Al hacerlo, el animal huye subiendo un sendero del volcán. La joven española despierta sólo lo necesario para sujetar las riendas y dejarse llevar por el brioso equino. Un traro chilla girando en círculos sobre la machi. Ella mira al ave y ésta agranda los círculos en una espiral que enfila hacia la cima del Domuyo. El sol hace relumbrar al traro.
El caballo llega hasta un claro que es bordeado por un arroyuelo. Sus aguas son alimentadas por la nevada cima del volcán. El animal, agotado, se recuesta lentamente. Aún entre sueños, la mujer logra reaccionar y bajarse del caballo antes que le caiga encima. Está sucia, cansada y con fiebre. A pesar de la montura, el percherón se hecha sobre sus costillas y se queda dormido.
           La machi sube por el sendero del volcán, cuya parte más alta termina en curva, en el vértice de la ladera. Está cerca de la cima. Ahí se detiene a descansar, cuando el traro chilla sobre su cabeza. “Tranquilo Pelantaro”, dice la machi, a la vez que se sienta sobre una roca. Suspira mientras observa el infinito manto de verde que se extiende a sus pies.
           La magia verde siempre la ha acompañado, aún desde bebé. Como hija de machi, aprendió de su madre el oficio. Pero Quintuqueo fue mucho más allá que su progenitora, descubriendo secretos y magias que su madre no habría soñado. Estudió sistemáticamente las plantas y sus características. Las catalogó y anotó sus propiedades. Inventó brebajes para aliviar el dolor de muelas, basados en ajo y hongos silvestres. También mejoró las pócimas que su madre le había enseñado. Incluso creó un poderoso veneno que al ponerlo en una herida, ésta pronto se infecta y la víctima muere. Gracias a estos conocimientos, Quintuqueo se ganó el respeto de su pueblo. Los enfermos la visitan para que los sane, los caciques y lonkos, para solicitar su consejo. Y con los años, su influencia ha ido creciendo. Nadie sabe cuántos años tiene, pero representa unos cincuenta, aunque sus ojos digan otra cosa.
           El traro se posa en una roca junto a la machi. Quintuqueo recuerda cuando vio a Pelantaro por primera vez. Iba caminado por el bosque, cuando el ave voló círculos sobre su cabeza. Ella no hizo caso y siguió buscando los ingredientes para su pócima analgésica. Desde la llegada de los españoles, los mapuches caen enfermos con nuevos males, desconocidos para la machi. Sin remedios para sanar a sus pacientes, Quintuqueo se conforma con aliviar su dolor, dándoles analgésicos naturales. Pero no encuentra el ingrediente más importante, un hongo de color rojo que crece pegado a los troncos caídos. El traro siguió rondando su camino. Cuando se detiene, el ave hace lo mismo, reposando en una rama cercana. Desde allí le chilla mirándola fijo a los ojos, como si quisiera hablarle. Quintuqueo simula no notar su presencia y sigue su camino. Después de mucho andar encuentra lo que busca. Toma un pequeño cuchillo y corta con habilidad las rojas setas que necesita. Las guarda en una pequeña bolsa, que cierra con un cordón y deja sobre el tronco. Un viento helado roza su mejilla. Es el traro, que toma con sus garras la bolsa y vuela con ella. Ese fue su primer encuentro con Pelantaro y su entrada a un mundo más grande.

Habiendo descansado, Quintuqueo se levanta para seguir su camino. Apenas dobla la curva encuentra lo que busca. El gigantesco caballo negro está acostado a unos cinco metros de la mujer que lo montaba. Ambos duermen en un amplio claro bordeado por un arroyo, abrigados por el cálido sol de Noviembre. Avanza con cuidado para no despertar a los extraños. Al llegar junto a la mujer se da cuenta que está embarazada y con la ropa rasgada. Su vientre está desnudo mirando al cielo, y en él, tatuado con fuego, un gran sol dividido en cuatro por dos líneas perpendiculares. El anca del percherón tiene el mismo símbolo. Pelantaro vuela en círculos sobre el claro.
           Ella es española, eso lo sabe la machi, pero qué hace ahí. Por qué subió el Domuyo, la montaña de fuego. Y este negro animal, parece un caballo, pero es mucho, mucho más grande. Quizá sea el guardián que el sol ha enviado para proteger a su amante. Quizá la profecía del Domuyo se cumpla por fin. El sol envió a su hijo para liberar al pueblo mapuche del invasor venido del minchemapu. Éstas y otras ideas cruzan por la cabeza de Quintuqueo cuando el caballo despierta y comienza a relinchar asustado. Se levanta en sus dos patas traseras y sus gigantescas pesuñas la hacen retroceder hasta tropezar y caer. De pronto, partida en dos, la montura del caballo cae al suelo y el animal huye libre.
Con tanto ruido, la española despierta y ve a la machi junto a ella. Lo único que sabe de los araucanos es lo que le han dicho: “son animales salvajes, que no creen en dios ni el rey. Si os atrapan, os torturarán hasta la muerte”. Con esta única referencia, la mujer trata de retroceder asustada, pero está demasiado débil. Quintuqueo trata de calmarla con gestos y palabras de alivio. De pronto, fuertes puntadas en el estómago hacen que olvide su temor. Comienza a retorcerse en el suelo y la machi reconoce de inmediato los síntomas. Desde siempre ha ayudado a las mujeres de su pueblo a dar a luz y sabe exactamente qué hacer. Toma a la mujer del tronco y la ayuda a sentarse. Ella se da cuenta que la araucana trata de ayudarla y se deja llevar. Abre las piernas y las flecta. Con un brazo se apoya en el suelo y con el otro sujeta su estómago. La machi se arrodilla delante de ella y con gestos le indica que debe pujar. La joven española lo hace, en medio de gritos y respiraciones agitadas. Las manos de Quintuqueo toman con destreza la cabeza del bebé que ya empieza a asomarse. Ella sonríe mientras jalonea hacia la vida al infante. Tras quince minutos nace un niño con marcados rasgos indígenas, aunque sus ojos rasgados son del color del fuego, idénticos a los de su madre. Amarillos como el sol. La española cae rendida por el esfuerzo.
Quintuqueo lava al bebé en las gélidas aguas del río. Luego lo abriga entre sus ropas y lo deposita en el suelo. Observa a la mujer, que sangra profusamente. La machi sabe que no hay mucho que pueda hacer. Le toma las manos y la recuesta sobre sus piernas. Lenta e inexorable, la vida escurre roja por entre sus piernas. La mujer deja de sangrar y ahora parece descansar en un plácido sueño. La machi la observa con detención. La ganadera marca de la muchacha desapareció entre los pliegues de su ahora vacío estómago. También el fuego de sus ojos se ha desvanecido.


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