Los conocía tan bien como a cualquier otra pareja, como a la novia de mi mejor amigo, o a la esposa de mi hermano. Es decir, tan bien como cualquiera conoce a las demás parejas. Porque uno solo ve la relación por fuera, la roza tangencialmente pero nunca llega a penetrar en sus secretos, en esos conflictos que las parejas solucionan sobre el colchón y que muchas veces esconden debajo de él.
jueves, 30 de mayo de 2013
Metonimia y Metáfora.
Los conocía tan bien como a cualquier otra pareja, como a la novia de mi mejor amigo, o a la esposa de mi hermano. Es decir, tan bien como cualquiera conoce a las demás parejas. Porque uno solo ve la relación por fuera, la roza tangencialmente pero nunca llega a penetrar en sus secretos, en esos conflictos que las parejas solucionan sobre el colchón y que muchas veces esconden debajo de él.
martes, 20 de noviembre de 2012
Evolución

La primera vez que vinieron, solo éramos simios
en espera de evolucionar. ¿En qué? No lo sabían, por eso decidieron no
intervenir. Pero luego, miles de años después, al ver en lo que nos habíamos
transformado, eligieron ayudarnos. Lo primero que hicieron fue mostrarnos como
se dibujan los sonidos; nos ensañaron a pintar las palabras. Y se fueron.
Volvieron unos milenios después y lo que
encontraron les pareció satisfactorio. Vieron como nos organizamos en reinos y
construimos una precaria economía centrada en la industria bélica y agraria.
Como consecuencia, la población creció y migró a las ciudades; era el augurio
de la revolución industrial. Si el desarrollo social y tecnológico seguía a ese
ritmo, nosotros seríamos como ellos en mil años más. Por eso volvieron novecientos
años después.
martes, 16 de octubre de 2012
De Mozo
A ver, vayamos por parte, dijo el
descuartizador. Lo primero es decir que en realidad no soy mozo, sino un
escritor advenedizo que va por la vida afirmando que es mozo. Y las razones de
dicha patraña son las que originan este relato.
Las circunstancias por
las que me inicié en el oficio de garzón son dos: la primera, y quizá la más
importante, una total ausencia de talento para escribir cualquier porquería,
incluso mi nombre. Y la segunda, urgencia vital por el dinero.
Todo
empezó hace varios años, cuando un amigo me ofreció pega de garzón en un bar
ubicado en Pío Nono, en pleno Barrio Bellavista. Yo llevaba un año cesante y dormía
donde cayera. Esta afirmación es literal, porque en esos días andaba tan borrado
que pasaba la noche en cualquier lugar, incluidas plazas, casas abandonadas,
paraderos de buses, burdeles y en muchas ocasiones, en una confortable
comisaría. Muchos pensaran que pernoctar en una celda hedionda es un total y
absoluto desagrado, pero les aseguro que no es así, lo malo no es dormir, sino
despertar.
Fue en estas
circunstancias de mi vida cuando me ofrecieron el trabajo de mozo y después de
pensar los pros y contras, decidí aceptarlo.
viernes, 28 de septiembre de 2012
El mismo cuento de siempre
¿Y cómo es el hombre? ¿Alto y flaco?
No lo sé, porque el hombre no importa. El cuento es el protagonista.
Es el cuento de cualquier ciudadano que escribe un cuento.
Pero no es un cuento cualquiera. Es un
cuento breve. Brevísimo. De apenas 100 palabras.
¡Eso es! Es el cuento de alguien que
escribe un cuento de cien palabras.
¿Ya conoces ese cuento? ¡Hace diez años que escuchas el mismo
cuento!
¡Cresta! Entonces escribo otra cosa.
La historia de un hombre. Un hombre alto y flaco.
martes, 15 de mayo de 2012
Dos caras de la misma moneda
Este 2011, la protesta del 15-O para
exigir un nuevo sistema político y económico, se ha dejado sentir en decenas de
plazas españolas. En Madrid se reunieron más de cincuenta mil personas en la Puerta
del Sol y se mantuvieron ahí hasta altas horas de la noche.
Don Manuel, con sus sesenta y siete años a cuestas, sale de
su casa a las cinco treinta de la madrugada, al igual que los últimos veintinueve
años. Y como siempre, llega a su trabajo antes de las siete.
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