martes, 15 de mayo de 2012

Dos caras de la misma moneda


Este 2011, la protesta del 15-O para exigir un nuevo sistema político y económico, se ha dejado sentir en decenas de plazas españolas. En Madrid se reunieron más de cincuenta mil personas en la Puerta del Sol y se mantuvieron ahí hasta altas horas de la noche.

Don Manuel, con sus sesenta y siete años a cuestas, sale de su casa a las cinco treinta de la madrugada, al igual que los últimos veintinueve años. Y como siempre, llega a su trabajo antes de las siete.


La asamblea general acabó pasada la una de la madrugada, sin ningún tipo de pompa. La reunión estuvo plagada de interrupciones y disputas por el turno para hablar, y se sucedieron unos a otros los amagos por abandonar la plaza para dirigirse a la torre de comunicaciones de Torrespaña (el pirulí), al Banco de España o al Congreso.

Don Manuel llega a la Puerta del Sol a las ocho exactas, e inicia su trabajo junto a decenas de compañeros. Comienzan a recoger toda la basura que dejaron los manifestantes la noche anterior, pero es tanta que muchos dudan que en un día alcancen a recoger las toneladas de desperdicios.

“Se nos está acabando la gasolina”, advirtió la moderadora que, a los pocos minutos, se hartó de las interrupciones y abandonó su puesto. La asamblea continuó poco rato más, hasta que se terminó el combustible y con él, la electricidad para los micrófonos. Entonces se pasó a los megáfonos y a las charlas en grupos pequeños, pero pronto la plaza quedó en silencio.

Don Manuel, con los pies doloridos de tanto trabajar, se sienta a descansar unos minutos. Total, la basura no se moverá de ahí, así que se puede dar un merecido receso. Comprende que el movimiento traerá mejoras laborales y económicas, aunque no entiende por qué. Lo que sí sabe es que sin importar el resultado de las protestas, será él quien limpie los trapos sucios. Literalmente.

Cuando don Manuel vuelve a su casa, encuentra a su hijo durmiendo. No lo despierta, sabe que estuvo toda la noche en la Puerta del Sol, sabe que está luchando por lo que es justo. Y lo apoya. Antes de acostarse, prepara la cena para él y su hijo. Mañana tiene que levantarse al alba, mientras que su hijo saldrá esta noche a luchar por sus derechos. “Pobre de mi hijo, se sacrifica tanto por el bien de los demás”, piensa… luego se duerme y sueña con una sociedad mejor, más igualitaria y más justa.