jueves, 30 de mayo de 2013

Las 9 musas


Antes de abandonarlas con los hombres, su padre les deseó suerte. Sus últimas palabras fueron: "los recuerdos crean hijos". O los hijos crean recuerdos. No lo saben. No lo recuerdan. Solo saben que son nueve y cada una es arte y sublimación del objeto amado.
Uranía, la que ve más lejos, observó desde la espalda y se alegró por lo mucho que habían avanzado. Euterpe cantó desde su boca y sus notas trinaron con la afirmación de su hermana. Pero Melpómene no está conforme; al contrario, su pezón mordisqueado es la dolorosa prueba de la tragedia.
Talía, la más bromista de todas, ríe con lágrimas que ruedan por su cuello y Terpsícore se estremece asqueada desde las caderas hasta la nuca. Entonces una melancólica melodía mana desde el ombligo, un himno solemne que Clío llena de palabras tristes, sonidos destinados a recordar por siempre la tragedia acaecida.
Erato concordó con sus hermanas y decidió escribirlo. Así nadie olvidaría. Entonces, la mayor de todas, Calíope, gritó desde su cueva aún mojada.
-          Hermanas. Hemos sido ultrajadas. Nos han vejado y violado. Pero resistimos. Porque somos mujeres. Porque somos musas. Porque nuestro padre nos dejó acá para que hagan de nosotras lo que quieran. Y si desean violarnos, pues así será. Mas no importa, debemos ser pacientes. Ya llegará aquel que sepa amarnos y obtenga de nosotras lo que tanto anhela. Ese soplo de verdad. Esa pizca de inspiración. Ese impulso divino que solo Zeus le puede dar.