jueves, 13 de junio de 2013

El encabalgado apesta


Sopla el viento con cansina involuntad
Y es que nada más podría soplar si no es el viento
 o quizá el humo o el vaho o un pedo.
Sí, eso es, un pedo grande y sonoro
¡Eso era lo que soplaba!
Soplaba de norte a sur a este

 Al ritmo del viento
el pasto danzaba con la brizna un vals voluptuoso
lleno de cadencias extrañas, desordenado, caótico
un vals con un ritmo al pedo.
Coqueta ella, se peinaba con la brisa.
Gozoso él, se doblaba con el aire.

Sobre ellos un caballo inmenso
un percherón pinto de imponente pinta.
Y  justo encima, un metro o poco más arriba,
el ano inmenso y ruidoso,
que era el verdadero origen del viento.

Entonces cayó del cielo la bosta
que humo echaba
de tan fresca
que era
que hasta húmeda estaba

Y tan enmierdados se sentían,
que la brizna y el pasto lo maldijeron,
lo condenaron a vivir encabalgado

por cagón, ruidoso y caballo.